Adieu! Bye Bye! Aufwiedersehen!
Carlos Alberto "Indio" Solari (1949-2026)
Hoy fue un día infernal, nada encantador. Sobre todo porque no me la vi venir. ¿No la vi? Al menos no fui consciente. Y sin embargo…
A fines del año pasado inauguramos la exposición “Rocambole y el jardín de los fantasmas”, que duró hasta comienzos de este año en el Centro Cultural Recoleta y vieron 100 mil personas.
¿No la vi? Y sin embargo, con mis hermanos, con los que nos vemos más bien poco, nos reunimos la noche del 16 de abril para ir al Teatro 25 de Mayo, en el marco del Bafici, para asistir al estreno de “El infierno está encantador”: un documental con imágenes inéditas que contaba la historia de cómo los Redondos llegaron a presentar su primer disco, “Gulp!”, en Cemento. Y salimos los tres, que tenemos unos cuantos discos y recitales encima, extrañamente conmovidos.
¿No la vimos? La semana que viene el siempre interesante Agustín J. Valle, autor de una biografía política de Patricio Rey, empezará a dar un taller en cuatro clases cuyo título es “¿Por qué Los Redondos fueron Los Redondos?”.
Tal vez todo me estaba señalando (y por eso se me dio por escuchar de nuevos sus discos) que Patricio Rey estaba por hacer una de sus jugadas, un último movimiento, que este 5 de junio se convirtió en jaque mate.
Quizá desde hace un año, sin saberlo, porque no me interesaba seguir los avatares biográficos ni la evolución de la enfermedad del Indio, me estaba, me estuve despidiendo de una figura que fue, en mi vida, tutelar: ¿una especie de padre por elección, un padrino, ese tío que las vio todas y las vio antes, y te alecciona a un costado de la mesa en la reunión familiar?
No quiero hablar, tampoco tengo ganas de escribir. Me intoxiqué de noticias, programas de radio y televisión, sobre todo artículos… pero puedo compartirles algunos de los mejores textos que leí hoy, en esta larga jornada de duelo nacional.
Me llamaron de la televisión, ¿qué tendría para decir en un programa de espectáculos sobre su muerte? Me invitaron a escribir columnas. No pude más que tipear estas pobres palabras: “Fui apenas uno de muchísimos: vi a Los Redondos por primera vez a mis dieciséis años y seguí yendo a sus recitales hasta que la banda se disolvió. Puedo decir lo que diría solo de artistas muy grandes: mi vida no sería la misma sin su música y sin los versos del Indio Solari. Durante años discutí con los fans de Spinetta y de Charly, porque para mí nunca hubo dudas: Solari, un verdadero poeta, fue el letrista más sofisticado y sugerente de todo el rock nacional. No lo digo yo, ahí están sus frases que son remeras, graffitis, tatuajes, leyendas. No se llega a tantos corazones con una máquina de ritmos ni con movimientos de caderas: se llega con el poder de las palabras, de la alusión y la metáfora”.
Me quedan las horas que quedan del día para contarles a mis hijas, que no tienen la edad aún, qué hizo y quién fue el Indio Solari. No importa que vayan a escuchar o no sus canciones ahora. Los Redondos, como el tango, te esperan.
Temo que hoy, o mañana, haya corridas y heridos en su última despedida. Espero que no.
Mientras tanto, si quieren, lean a:
Martín Rodríguez en Panamá Revista.


Si se habrán escuchado a todo volumen sus canciones en Urquiza! Que en paz descanse. Abrazo grande, Machi!